viernes, 8 de julio de 2016

Fragmentos: Barrio de tango - Eduardo González

¡Hola!
¿Cómo están?

Regresé después de una noche de sueño reparador :D

Les traigo los fragmentos de una de mis últimas reseñas (click aquí para leerla)... Espero que los disfruten:

Hubiera dado cualquier cosa por treparse a un sueño que lo sacara, aunque sea por un rato, del frío, de la plata que no llegaba a fin de mes.

Cuando nació Cele, don Salvador se sintió más fuerte. A pesar del hambre y la miseria.
Cuando nació Cele, don Salvador volvió a sonreír.

Cuando la juventud les despeinaba la vida.
Cuando se llevaban el mundo por delante.

Los domingos eran difíciles. Dolía más el destierro. Se extrañaba la familia, el pueblo, la banda de la plaza.
Estos primeros fragmentos nos ilustran la vida, los sentimientos de los inmigrantes, aquellas personas que vinieron a "hacer la América". Y que se encontraron con el mismo hambre, miseria y miedo del que huían.

El recuerdo le endulzó la boca.
Ahora estaba otra vez en su casa.
Ahora era don Salvador otra vez.
Entonces miró a Cecilia a los ojos. Otra vez los mismos ojos. Ojos brujos. Como aquella tardecita de domingo en Retiro.
 ¿Por qué la amaba tanto? Si hasta aveces le dolía el alma de tanto amor por el miedo a perderla.
La beso en los labios y ella se sonrojó.
- ¡Esté el nene, viejo!
Nonino miró a Cele y le guiñó un ojo.

Pero, con el tiempo, el sabor se le había metido en la sangre, como el tango, como aquella ciudad que lo hacia sufrir pero amaba, y ya no pudo vivir sin él.
Pequeña definición de lo que es el mate para nosotros, los argentinos :D

La abuela Cecilia sirvió los escones con mate cocido en la mesita del patio.
Casi no comieron.
"El amor saca el hambre", pensó la abuela.

Aquel día, al ver pasar el circo, imaginó que él se iba para siempre.
Prefería sufrir de soledad, pero no de tristeza.


La música hablaba, con largas notas melancólicas, de un pueblo al otro lado del gran océano. Un pueblo de sol y montañas. Un pueblo empujado al hambre y al silencio.

Las vacaciones llegaron al fin.
Un recreo largo.
Un descanso para la letra chueca.
Para los dedos contando bajo el banco.

A ella le encanto la cara que puso.
A ella le encanto ver la sorpresa en sus ojos negros.
Aquellos ojos negros que le daban sentido a su vida.

Las mujeres eran fatales. Con las mujeres había que tener cuidado.
El abuelo, en la luna de Valencia, como siempre los hombres cuando las mujeres planean algo.
Y sí, las mujeres somos terribles... A mi parecer es el mejor consejo que puede dar un libro :P

Las luces de colores dibujaban otro barrio. Si había miseria que no se notara. Mientras durase el corso todo tenía que ser alegría y color. (...)
Cele y Azucena quedaron atrapados en medio de una marea humana. La música los llevaba de aquí para allá, a su antojo, como un barco sin timón. Los redoblantes batían sin cesar, los silbatos dirigían la orquesta y la murga cantaba a viva voz.


Porque así era su plan.
Un plan perfecto.
Un plan que funcionaría como los engranajes del reloj de la Torre de los Ingleses.

Ni "me parece", ni "a lo mejor está abierto". Ella sabía perfectamente lo que hacía. La semana anterior había ido con Juan y habían relevado el terreno.
Cele ni se imaginaba la que se le venía encima. Él, como siempre los hombres cuando de mujeres se trataba, en la luna de Valencia.

Cele y Marita se contagiaron del berretín de los libros. Porque los libros son como el amor. Una vez que se contagia no se cura.
Y si hubiera una cura, yo no la quiero <3

El perfume de los libros lo embriagó, de pies a cebeza, con un canto de sirena. Levantó la vista y vio las bibliotecas que llegaban hasta el techo. Estantes barrigones vencidos por el peso de los libros. Pilas de revistas sobre una mesa montada sobre caballetes.
Esta parte me recordó a mi misma entrando por primera vez a la biblioteca... Siempre tuve el "berretín" por los libros, como Cele, pero de pasar del préstamo de libros de la escuela a la Biblioteca (así, con mayúsculas) fue algo inexplicable.

No se lo esperaba. 
Pensó que todo era un sueño.
Levanto el libro hacia su cara y lo olió como si fueran jazmines.
El perfume amarillento de las hojas la emocionó.


A Cele siempre le habían dicho que llorar no era cosa de hombres; enconces, ¿qué hacer cuando un hombre lloraba?¿A quién recurrir?¿A Dios?

Y se quedaron los dos pegados como imanes de polo distinto.
Porque entre los contadores de historias se reconocen enseguida, se olfatean, intuyen las suelas gastadas de andar y andar por el mundo.

Y, como si se levantara el telón, las historias comenzaron a rodar.
Historias de domadores y dragones del monte.
La historia de una canoa por el Paraná.
Historias de barcos, de trenes, de aviones.
Historias de pájaros, piojos y pulgas.
La historia de un sapo que soñaba.
La historia de un sapo que podía volar.
Cele los miró, junto a la ventana, y le pareció ver que irradiaban una luz especial, como la luz de los santos de las estampitas.
Casi lloro. Esos cuentos son mi infancia :')

Cuando Dios cierra una puerta siempre abre una ventana, decía la abuela. Y si ella lo decía, así debería ser.
Y las abuelas siempre tienen razón... 

-Quiero dar la vuelta al mundo. ¿Podemos ir los dos? -dijo y casi se larga a reír de lo triste que estaba.
"Qué buena idea para un cuento", pensó Javier y le dieron ganas de escribirlo ahí mismo. Pero el horno no estaba para bollo y prefirió dejar la historia para otro momento.
Si desean leer el cuento, pueden hacerlo aquí.

Porque las mujeres, y sobre todo las mujeres enamoradas, cuando algo en la cabeza son terribles. 

-¿Y cuál era el secreto? -preguntó Nonino con un hilito de voz.
-Los secretos no se cuentan... -dijo Roldán, tomó un sorbo de café y pensó antes de hablar-. Era el secreto de la salamandra... Un secreto que dice que lo que se desea con el corazón, siempre, siempre se cumple.
-¿Y si los secretos no se cuentan, por qué me lo contó? -dijo Esteban.
-Porque, a veces, a los secretos hay que abrirles la jaula y dejarlos volar, para que los deseos se cumplan.

Y eso es todo por ahora :)
Como siempre, si su cita favorita no esta pueden sumarla.

En estos días voy a traerles los fragmentos de Ciudad de Hueso... Pero son demasiados :P

¡Hasta leernos!
 ~ Daphne ~

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